SIDA: ÁFRICA
CON ESPERANZA En los últimos tiempos se pueden leer en distintos medios de comunicación numerosas opiniones acerca de la situación que el SIDA está causando en el continente africano. Normalmente se hace especial hincapié en la catástrofe humana que supone la epidemia del virus del SIDA en África y se predice una reducción dramática de la población de un continente hundido en la miseria. No es mi intención discutir ni refutar las cifras que se barajan, provenientes en su mayoría de documentos oficiales de las Naciones Unidas, sino más bien presentar otros aspectos de la epidemia ausentes en los análisis a los que normalmente tiene acceso la población de los países desarrollados. La relatividad de las cosas es obvia y las perspectivas que utilizamos para los análisis de las situaciones nos dan los elementos necesarios para juzgar los acontecimientos de la vida. Así, un vaso de vino lleno hasta la mitad es percibido por los abstemios como un vaso medio vacío. Los amantes de los placeres de Baco lo perciben como medio lleno y aprecian más la parte líquida del vaso que el vacío. Los catastrofistas se dedican a contarnos las inmensidades del vacío, yo prefiero hablarles del vino. Es sin duda cierto que la mayor parte de las personas infectadas por el VIH viven en África y que posiblemente nos queda por ver todavía el gran impacto que esta circunstancia va a causar sobre la mortalidad de ciertas capas de la población, sobre todo en ciertos países. Sin embargo, en medio de toda esta catástrofe, hay también ejemplos positivos de países y comunidades que comienzan a ver la luz del túnel. África Subsahariana es tan diversa y variada como todos los continentes y la epidemia del VIH no es la excepción. La epidemia del VIH afecta por desigual al continente. Mientras algunos países han alcanzado cifras del 25 al 30% en mujeres embarazadas, otros no sobrepasan el 1%. Algunas personas creen, después de leer este tipo de noticias, que el SIDA seguirá creciendo exponencialmente y alcanzará a la gran mayoría de todos los adultos, por no decir a todos. La realidad es muy diferente. Todas las epidemias originadas por gérmenes infecciosos, y el VIH lo es, tienen un techo máximo de infección, nunca alcanzan al 100% de la población susceptible. Por razones medioambientales, genéticas, culturales, servicios de salud, inmunitarias o culturales, las epidemias alcanzan cierto nivel en la población susceptible que varía en función del agente infeccioso. A partir de este nivel, la tendencia natural de la epidemia es el descenso y su desaparición hasta otro nuevo brote que puede ser desencadenado por diversos factores. Así pasó en Europa con la peste negra en la Edad Media, ocurre con el cólera o la famosa gripe invernal y cualquier infección que sea capaz de producir grandes brotes epidémicos. Si observamos las cifras actuales de nuevos casos de infección por el VIH en personas jóvenes que están comenzando su vida sexual en diferentes países en África podemos apreciar resultados positivos que dan lugar a la esperanza. Por ejemplo, en el distrito de Kaberole en Uganda, el porcentaje de mujeres embarazadas seropositivas al VIH pasó del 23% en 1.991 al 17% en 1.995. Esta disminución aparentemente insignificante es importante puesto que la diferencia fue sobre todo debido a la disminución en el número de nuevas infecciones entre las adolescentes entre 15 y 19 años. En Zambia se han registrado igualmente una disminución remarcable entre 1.996 y 1.998 en los grupos más jóvenes de población, entre el 25 y el 50% en algunas comunidades. Por otra parte en Tanzania hay una clara estabilización del número de infecciones en la frontera con Malawi y otros distritos cercanos a lago Victoria han registrado una importante disminución en las poblaciones de adolescentes pasando, en el distrito de Kagera, del 27% al 7% de seropositividad para el VIH en los últimos años. Si bien es cierto que hablar del sexo es tabú en muchos países africanos, no debemos olvidar que también lo era en Europa hasta muy recientemente. Una consecuencia directa de la epidemia del SIDA ha sido sin duda la ruptura de esos tabúes y hasta el Papa Juan Pablo II ha hablado de condones, aunque sea para decir "no". Cualquiera que se pasee estos días por un país africano podrá ver publicidad de "Pantera", "Prudencia" y "Salman" y otras muchas marcas de preservativos que se venden a 12 pesetas el paquete de tres unidades en cualquier esquina de las ciudades africanas. Por ejemplo en Burkina Faso la disponibilidad de preservativos en 1.990 era de 955.227 unidades y en 1.998 la cifra alcanzada era de 4.721.157 unidades. Expresado de otra manera, se ha pasado de una disponibilidada de 0,25 condones por persona y año en 1.990 a 2,2 condones por persona y año en 1.998. En Tanzania 232 millones de condones han sido distribuidos entre 1.998 y 1.997. En Senegal otros estudios han demostrado que las trabajadoras sexuales con más de 7 clientes semanales usan el condón en el 96% de las ocasiones. Por otra parte en Uganda estudios de las poblaciones más jóvenes han revelado que la edad media de la primera relación sexual completa ha aumentado en dos años. Hay muchos más ejemplos que podrían hacer una lista interminable. El descubrimiento de la transmisión del VIH por las transfusiones sanguíneas hizo necesario realizar el test de la detección del VIH previamente a todas las transfusiones. En los países ricos los medios económicos y recursos existentes hicieron posible que esta política sanitaria fuese instaurada muy rápidamente. En África la evolución de esta política ha tenido una implantación más paulatina y con mayores dificultades pero se ha estimado que más del 90% de la sangre perfundida en África es analizada con la prueba del VIH, lo que es una muestra evidente de los logros alcanzados por los gobiernos de estos países. A mediados de los 80, cuando se descubrió el VIH y se promovieron los primeros programas de control y prevención, prácticamente todos los países africanos lanzaron sus programas nacionales dentro de los Ministerios de Salud. El VIH era percibido sencillamente como un problema médico de carácter biológico y que necesitaba una respuesta acorde al modelo médico sanitario dominante en nuestra sociedad. Quince años más tarde, los avances en este sentido han sido claros. Actualmente la epidemia del SIDA en África es percibida como un problema social de desarrollo por la mayor parte de los países africanos. La Organización de la Unidad Africana ha discutido el problema en sus foros, la mayoría de los diferentes sectores sociales, desde la agricultura hasta las fuerzas armadas están involucradas en la lucha contra el VIH. Los sectores privados como la Banca, o las industrias también desarrollan sus programas educativos para sus empleados y los ejemplos son innumerables. En Nigeria, el Presidente de la República preside y dirige desde su gabinete las acciones emprendidas para mitigar los efectos de la epidemia. Todos los planes estratégicos elaborados en África conllevan el compromio político del aumento de los recursos propios asignados a controlar la infección del VIH. Nadie discute que nos quedan por ver todavía grandes
cifras de mortalidad como consecuencia de la epidemia del VIH en África,
pero esta no es una razón para decir que no hay esperanza y acusar
a los africanos de quedarse con los brazos cruzados. Las gentes de África
se están enfrentando a la epidemia y están haciendo grandes
esfuerzos para dar la vuelta a esta página de su historia. |
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